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Rómulo Betancourt: Medio Siglo de Historia

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Rómulo Betancourt: Medio Siglo de Historia, por Rodulfo Gonzalez

Romulo Betancourt Medio Siglo de Historia por Rodulfo Gonzalez 3D
Romulo Betancourt Medio Siglo de Historia por Rodulfo Gonzalez 3D

Rómulo Betancourt es el único líder político venezolano por el que siempre he sentido ferviente admiración. Y a medida que conozco más sobre su vida y obra esa admiración se ha convertido en veneración, porque gobernó a Venezuela en situación crítica y supo superar todos los escollos que encontró en su camino para superarla, tomando algunas veces decisiones antipáticas, como la reducción del sueldo del funcionariado a los fines de sanear la económica, que encontró en la bancarrota, pero que gracias a esa medida, complementadas con otras que consideró adecuadas para devolverle la felicidad a los gobernados, le permitió entregarle a su sucesor en la Presidencia de la República, doctor Raúl Leoni, un país sin dificultades económicas y en franco crecimiento.
Venero a Rómulo Betancourt porque tuvo el valor de enfrentar exitosamente a quienes quisieron derrumbarlo para establecer en el país un gobierno semejante al de la Cuba fidelista, por su enfrentamiento a las dictaduras de los generales Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, por haber echado bases firmes para el establecimiento de la democracia y la modernidad, por su probidad en el manejo de los recursos públicos, por la firmeza que demostró en la defensa de sus principios y la valentía que tuvo para rectificar cuando sus colaboradores le demostraron que estaba equivocado; por la Doctrina Betancourt que más tarde adoptó la Organización de Estados Americanos (OEA) para cerrarles el paso a las dictaduras de toda laya en Latinoamérica y por haber sido un venezolano excepcional que creyó realmente en el diálogo entre opuestos para encontrar un punto de equilibrio que facilitara la convivencia de ambas posiciones.
Hace algunos años Virgilio Ávila Vivas, siendo gobernador de Nueva Esparta, me propuso que escribiera un libro sobre Rómulo Betancourt, a lo cual gentilmente me negué porque entonces carecía de las herramientas metodológicas adecuadas para llevar a feliz término esa tarea, máxime si escritores de la talla del profesor Manuel Caballero, Carlos Gotberg, Naudy Suárez y Juan Liscano habían estudiado profundamente la vida y obra de este genial venezolano.
Nunca se declaró bolivariano, pero gobernó con los mejores funcionarios, aunque no fueran fichas de Acción Democrática, creó instituciones escolares de todos los niveles, manejó con probidad el tesoro público, luchó contra la corrupción y no permitió el nepotismo
Cabe señalar que en ese propósito de borrar de la historia contemporánea del país los grandes aportes a la democracia de Rómulo Betancourt el sitio Web de la narcodictadura de Nicolás Maduro www.venezuela.gob.ve excluyó su fecha natal de los 65 hechos notables recogidos en su sección de efemérides para el mes de febrero, pero si incluyó el del dictador panameño Omar Torrijos y el Caracazo.
Betancourt, o sencillamente Rómulo como lo llamaba el pueblo que acompañó su féretro hasta el Cementerio del Este, fue un arquitecto de la democracia continental, “Un gran patriota venezolano…Bolívar de nuestro tiempo”; (Ronald Reagan). “Modelo de líder que escapa al predomino militar de la década del 1960” (Alexander M. Haig); “Demócrata ejemplar cuyas virtudes personales lo mostraron al mundo como un verdadero estadista” (John F. Kennedy); “Una de las figuras más importantes del país”, cuya “vida se confunde con los últimos 50 años de Venezuela” (Ezequiel Monsalve Casado); “Un personaje que “había dejado de ser sólo el líder de un partido político para convertirse en uno de los patriarcas de este país” (Pedro J. Mantellini); “Un político de nación” (Manuel Caballero); “El adversario lúcido” (Rodolfo Izaguirre); El estadista que “Sentó las bases del Estado de derecho en un régimen democrático” (Helena Fierro); “El hombre que acabó con los golpes” (Wolfgang Larrazábal); “El padre de la democracia venezolana” (Ricardo Rojo); “Uno de los factores esenciales de la Venezuela moderna” (Carlos Sequera Yépez).

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Rómulo Betancourt es el único líder político venezolano por el que siempre he sentido ferviente admiración. Y a medida que conozco más sobre su vida y obra esa admiración se ha convertido en veneración, porque gobernó a Venezuela en situación crítica y supo superar todos los escollos que encontró en su camino para superarla, tomando algunas veces decisiones antipáticas, como la reducción del sueldo del funcionariado a los fines de sanear la económica, que encontró en la bancarrota, pero que gracias a esa medida, complementadas con otras que consideró adecuadas para devolverle la felicidad a los gobernados, le permitió entregarle a su sucesor en la Presidencia de la República, doctor Raúl Leoni, un país sin dificultades económicas y en franco crecimiento.
Venero a Rómulo Betancourt porque tuvo el valor de enfrentar exitosamente a quienes quisieron derrumbarlo para establecer en el país un gobierno semejante al de la Cuba fidelista, por su enfrentamiento a las dictaduras de los generales Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, por haber echado bases firmes para el establecimiento de la democracia y la modernidad, por su probidad en el manejo de los recursos públicos, por la firmeza que demostró en la defensa de sus principios y la valentía que tuvo para rectificar cuando sus colaboradores le demostraron que estaba equivocado; por la Doctrina Betancourt que más tarde adoptó la Organización de Estados Americanos (OEA) para cerrarles el paso a las dictaduras de toda laya en Latinoamérica y por haber sido un venezolano excepcional que creyó realmente en el diálogo entre opuestos para encontrar un punto de equilibrio que facilitara la convivencia de ambas posiciones.
Hace algunos años Virgilio Ávila Vivas, siendo gobernador de Nueva Esparta, me propuso que escribiera un libro sobre Rómulo Betancourt, a lo cual gentilmente me negué porque entonces carecía de las herramientas metodológicas adecuadas para llevar a feliz término esa tarea, máxime si escritores de la talla del profesor Manuel Caballero, Carlos Gotberg, Naudy Suárez y Juan Liscano habían estudiado profundamente la vida y obra de este genial venezolano.
Nunca se declaró bolivariano, pero gobernó con los mejores funcionarios, aunque no fueran fichas de Acción Democrática, creó instituciones escolares de todos los niveles, manejó con probidad el tesoro público, luchó contra la corrupción y no permitió el nepotismo
Cabe señalar que en ese propósito de borrar de la historia contemporánea del país los grandes aportes a la democracia de Rómulo Betancourt el sitio Web de la narcodictadura de Nicolás Maduro www.venezuela.gob.ve excluyó su fecha natal de los 65 hechos notables recogidos en su sección de efemérides para el mes de febrero, pero si incluyó el del dictador panameño Omar Torrijos y el Caracazo.
Betancourt, o sencillamente Rómulo como lo llamaba el pueblo que acompañó su féretro hasta el Cementerio del Este, fue un arquitecto de la democracia continental, “Un gran patriota venezolano…Bolívar de nuestro tiempo”; (Ronald Reagan). “Modelo de líder que escapa al predomino militar de la década del 1960” (Alexander M. Haig); “Demócrata ejemplar cuyas virtudes personales lo mostraron al mundo como un verdadero estadista” (John F. Kennedy); “Una de las figuras más importantes del país”, cuya “vida se confunde con los últimos 50 años de Venezuela” (Ezequiel Monsalve Casado); “Un personaje que “había dejado de ser sólo el líder de un partido político para convertirse en uno de los patriarcas de este país” (Pedro J. Mantellini); “Un político de nación” (Manuel Caballero); “El adversario lúcido” (Rodolfo Izaguirre); El estadista que “Sentó las bases del Estado de derecho en un régimen democrático” (Helena Fierro); “El hombre que acabó con los golpes” (Wolfgang Larrazábal); “El padre de la democracia venezolana” (Ricardo Rojo); “Uno de los factores esenciales de la Venezuela moderna” (Carlos Sequera Yépez).