+ Poesía: Néstor Perlongher. Un poema de “Hule” | Noticias – buenosaires.gob.ar

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En esta novena cápsula vas a conocer un poema de Néstor Perlongher, del libro Hule, (1989). Néstor Perlongher (1949 – 1992) fue escritor y sociólogo. Escribió seis libros de poesía y varios textos en prosa, entre ellos La prostitución masculina publicado primero en Brasil, en 1987, y luego en Buenos Aires, en 1993.

El escritor, activista por los derechos de los homosexuales en la Argentina y Latinoamérica, fue referente del Frente de Liberación Homosexual en los años 70.

En el prólogo a sus Poemas completos, editados por Seix Barral, Roberto Echavarren lo define como: “ridículo, kitsch, humorístico, transgresor”. En Soy lo que soy, una serie de documentales en TN, Fernando Noy dijo que tanto él como Perlongher eran guerrilleras del placer en una época (los sesenta y setenta) en la que, el sólo hecho de definirse gay era razón para que te llevaran preso.

El poema

El bretel

Cuerpos, marcas de cuerpo en el bretel trenzado, que ata a la baldosa la pirueta de la mirada que circula, azul, el fijo merodeo de los rabos en el fulget del parque oscuro, cuevas curva el bretel, lumina, reconoce en lo blondo de las gasas la ceguera del ánade, guiándolo,

incrusta en la espesura de las pieles un

tornillo de jade, un anteparo

un recaudo barroco sosteniendo a horcajadas el peso

de los muslos

en la blusa.

Sobre el poema

Por Carolina Esses, curadora de Más poesía:

Este poema pertenece a Hule, tercer libro de Perlongher, publicado en 1989. Lo primero que salta a la vista es la disposición de los versos en el espacio de la hoja. Hay prosa (o versos largos que llegan hasta el margen) y luego cinco versos más cortos. Hay una mayúscula y un punto final, es decir que el poema contempla un principio y un fin. No se trata de una sucesión de versos hasta el infinito como aquel poema río de Juanele Ortiz del que hablábamos en la Cápsula 1. Parece una obviedad pero no lo es: un punto, una coma, son marcas muy significativas en poesía. Y entre la mayúscula y el punto hay palabras que se enroscan como si se trataran de los anillos de una serpiente. O que se pliegan generando texturas en lugar de la tradicional construcción de un sentido. Círculos, formas acaracoladas, rodeos: Perlongher trabaja con lo que en los años 80 se llamó neobarrco. ¿De qué se trata? Si quisiéramos definirlo por oposición, diríamos que es un programa poético opuesto al de Joaquín Giannuzzi y el llamado objetivismo (Cápsula 7). Juegos de palabras, trabajo con la exuberancia, proliferación de imágenes, repetición de sonidos, formas intrincadas que se muerden la cola, impronta del cuerpo, de la piel en tanto superficie de goce: con todo esto trabaja el neobarroco. Una estética que marcó en gran medida el camino a seguir por poetas jóvenes que empezaron a escribir bien entrados los noventa; algunos siguieron la impronta de Giannuzzi y otros un camino más similar al de Perlongher. En los 80, Arturo Carrera, Héctor Píccoli y Tamara Kamenzsain fueron otros poetas que se ubicaron en torno a esta estética. Esto es lo que decía Perlongher sobre el tema en el suplemento cultural del diario Tiempo Argentino: “Hay algunos estilos con los que uno tiene más simpatía, que podrían ser cierto “embarrocamiento”. Yo hablaría de “neobarroso” para la cosa rioplatense porque constantemente está trabajando con la ilusión de profundidad, una profundidad que chapotea en el borde de un río.” La cita pertenece a Una antología de la poesía argentina 1970-2008 con selección, prólogo y notas de Jorge Fondebrider.

Veamos en detalle nuestro poema. Si hay algo importante en la poesía de Perlongher es el cuerpo. En su poesía y en su vida: recordemos la militancia por los derechos de la comunidad homosexual en plenos años 70 y 80 –cuando luchar por los derechos implicaba estar a merced de todo tipo de violencias-, en Buenos Aires y más tarde en San Pablo. “Cuerpos, marcas de cuerpos”, dice. No olvidemos que en su libro anterior, Alambres, está aquel celebradísimo poema, “Cadáveres” en alusión a los cuerpos muertos de los desaparecidos por la dictadura. En este poema es el cuerpo sensual, marcado no por la violencia del Estado sino por la insinuación, el deseo. Sigue: “bretel trenzado, que ata a la baldosa” y le propone un recorrido a la mirada, que nace en el bretel y luego baja hasta el piso para luego dar una vuelta “circula, azul, el fijo merodeo de los rabos”. Perlongher continúa con oraciones subordinadas hasta el final, hasta “blusa”. Fíjense las repeticiones sonoras: “cuevas, curva el bretel” y las imágenes que aluden a formas curvas: cueva, trenzado, pirueta, merodeo. Todo el poema es un largo giro de la mirada alrededor del cuerpo: los muslos, “las pieles” y sus adornos: “el tornillo de jade”, la blusa, etc. Se trata de
plegar la forma –la mirada y también las palabras– como decía Gilles Deleuze en El pliegue el libro que le dedica al barroco histórico. Plegar palabras, imágenes, sonidos. No se trata sólo de “las gasas” sino de “lo blondo de las gasas”, hay siempre un pliegue más, una posibilidad más de volver a decir, de ejercer una variación más, otra torsión en el lenguaje y en ese ejercicio se crean neologismos –lumina, anteparo- o se incorpora el portuñol como en algunos poemas de Alambres.

Leer los poemas de Perlongher es aceptar la invitación a la fiesta del lenguaje. Como si las palabras fuesen cuerpos y esos cuerpos exhibieran todas sus posibilidades sensuales en el poema. Algo similar a lo que pasa con Pizarnik, solo que en ella el viaje está atado al surrealismo y en Perlongher se trata más de ir plegando una palabra sobre otra hasta lograr un efecto de densidad sonora y semántica.

Si te gusto la recomendación:

  • Si te gustó Perlongher podés leer la poesía de Arturo Carrera y de Tamara Kamenszain. También podés leer El baile de las locas, de Copi, otro gran escritor, militante por los derechos LGTB, contemporáneo a Pelrongher. Además, te invitamos a conocer a Gabriela Bejerman, una poeta que escribió mucho en los 90 y en cuyos poemas vas a encontrar mucho de la exuberancia verbal de Perlongher.

  • Podés escuchar a Perlongher leer su célebre poema Cadáveres

  • Para conocer más sobre su militancia política y por los derechos de los homosexuales podés leer esta nota de La izquierda diario.

  • También podés ver en “Soy lo que soy”, serie de documentales realizada por TN, el episodio dedicado Perlongher

Centro de Investigacion Cultural del Estado Nueva Esparta CICUNE

Eladio Rodulfo González, quien  firma su producción periodística y de todo género con los dos apellidos, nació en el caserío Marabal, hoy en día parroquia homónima del Municipio Mariño del Estado Sucre, Venezuela, el 18 de febrero de 1935. Es licenciado en Periodismo, Poeta, Trabajador Social e Investigador Cultural. El 15 de abril de 1997 creó el Centro de Investigaciones Culturales Neoespartanas (CICUNE). Publica diariamente los Blogs: “Noticias de Nueva Esparta” y “Poemario de Eladio Rodulfo González”. Escribe en los portales poéticos Unión Hispanomundial de Escritores (UHE) Sociedad Venezolana de Arte Internacional (SVAI) y Poemas del Alma, de los cuales es miembro.