La poesía de Jhonnatan Curiel – El Diario de Otún

La poesía de Jhonnatan Curiel – El Diario de Otún

Leonardo Fabio Marín

El centro de Ciudad de México es una de las regiones más interesantes del mundo si se trata de construir imágenes absolutas para la memoria. Sus avenidas, sus calles, sus paseos, su arquitectura y los tantos museos que se van cruzando con la mirada, nos devuelven algo de lo que hemos perdido con nuestras particulares abstracciones de la realidad. José Emilio Pacheco (1939-2014), de quien deseo hablar en alguna ocasión literaria, decía sobre esas calles y lugares: cavernas/ donde el águila real bate las alas/ en confusión de bóvedas reptante/ por la noche de México. Bueno, caminando por esas calles, recordé unos versos que me leyera Alexánder Wchima una tarde en el Instituto Kennedy. Esos versos eran del poeta de Tijuana, Jhonnatan Curiel (Tijuana 1986). Versos amplios, acogedores, insinuantes de significados amplios y panópticos. Fue así como quise encontrar al poeta y hacerle dos o tres preguntas sobre su escritura. De ahí surgió este artículo que hace parte de mi periplo distópico poemas.

Un verso panóptico es aquel que nos permite visualizar la mayor cantidad posible de imágenes, todas cercanas e inherentes al universo mismo del poema, mejorando ostensiblemente, su vínculo con las sensaciones del lector. Versos escritos con la intención de brindar otras insinuaciones semánticas, en una relación dialéctica específica, fortaleciendo ese complejo vínculo entre quien lee y el texto poético como tal, logrando tal vez, que a partir de una relación estrecha entre el poema y quien lo lee, se pueda originar un deseo real de intentar los propios versos. Ya había hecho esta reflexión, después de publicar mi libro de poemas La Balada del Agua que Canta (Colección de escritores risaraldenses No 22), buscando estrategias metafóricas para tratar de involucrar al lector de manera directa con el poema desde otras perspectivas, no solo desde el contacto emocional con el texto lírico, sino yendo un poco más allá de esa relación visual literaria. El mismo maestro internacional del ajedrez, Ernesto Prieto, caminando un día por la acera del hotel Metropol, cerca al barrio chino en CDMX, me advertía de la importancia de reivindicar al lector con el poema, de modo tal, que él mismo pudiera inclinarse a bocetar sus propios versos. Octavio Paz, en La casa de la presencia (1991), propone que “la concepción de la poesía como magia implica una estética viva; quiero decir que el arte deja de ser exclusivamente representación y contemplación; también es intervención sobre la realidad”. Esa visión estética, latente en los poemas de Jhonnatan Curiel, es la que nos convoca en este acercamiento a sus versos.

Grandes poetas de nuestra América Latina, han surgido en México, país abundante de metáforas y estrofas, de librerías y museos, de sonrisas y silencio. Un placer inigualable es caminar de la Plaza de la Constitución hacia el Palacio de Bellas Artes, por la Avenida 5 de mayo, por la 16 de Septiembre o por la calle Tacuba, y quedarse extasiado frente a las vitrinas de libros y obras de arte. O simplemente, frente a una reseña de exposición en cualquiera de los tantos museos que uno se va encontrando a lo largo del trayecto. Luego ir a tomar un café a la librería Porrúa hermanos, que data de 1900; famosa por sus ediciones literarias de autores mexicanos y por sus tertulias amenas y concurridas. En síntesis, México es un hermoso homenaje cotidiano al arte, la cultura, la poesía y la literatura.

El rasgo común, en los poemas de Jhonnatan, es la unidad. Arquitectura metafórica de múltiples sentidos en un amplio mundo de interpretaciones. Para abordar ese universo de significados, ingresamos al texto de manera constante casi en paralelo, a una suerte de iluminación, donde todos los posibles asuntos semánticos del poema se resuelven en aspectos lúdico-estéticos, permitiendo que la palabra juegue con nuestra mirada, catapultándose entre el verso y nuestra percepción sensorial, mímesis de lo que existe en el texto y del mundo que nos arroja a él: son las nueve/ y se llaman derrotados mis zapatos/ en el cuello traigo duros escalones/ sube el viento con pisadas frías/ voy pasando…En otras ocasiones, el poema de Jhonnatan es una invitación a inferir significados desde posibles percepciones individuales de la realidad que como lectores asumimos al momento de la lectura: Después…/ La prisa/ El tiempo/ La mirada/ Unas llaves color silencio/ Un perfume sabor ausencia/ Un camino y unos pasos/ Una puerta y el destino…

Existe entre un verso y otro, una palabra que no está escrita, pero que descubrimos mientras vamos leyendo. Esa otra palabra es nuestro mundo, pausado y concreto, secuencia de recuerdos y visiones significando regresos e hilos comunicantes con el sentido del poema. La poesía como provocación literaria. El poema como un entramado emocional para la construcción de un discurso poético en doble vía, desde el autor y desde el lector. Un discurso poético entendido como ese mirada que logramos hacer sobre el texto y desde él mismo. En palabras de Riffaterre (1981), sería “la equivalencia establecida entre una palabra y un texto, o entre un texto y otro texto”. Discurso que no es más que el resultado de una serie de intrincados relacionados con la dualidad que surge de esa mímesis intencional del autor y provocada en el lector. La lectura del poema como un juego de búsqueda de interpretaciones, de rutas, insinuaciones y palabras que nos permitan intuir nuestros propios contextos de existencia en el poema. Un juego donde el poema significa en la medida en que se relacione con mi particular modo de percibir el mundo, de un modo más familiar en la memoria, en las visiones, en los deseos y en las intuiciones.

En los versos de Curiel, el hallazgo de sentido no ocurre de manera inicial sino que requiere unos pasos. En lo personal, creo que amerita una actitud. Es decir, buscar todo aquello que comunica el poema en dos o tres miradas. En primer lugar, ir al texto con una búsqueda de sentido primario y determinar lo que dice en primera instancia. Luego, regresar con esa primera introspección y tratar de ubicar otras insinuaciones, otros determinantes comunicativos. En tercer lugar, encontrar ese mundo metafórico que atribuye a las palabras un mundo propio de significados y así consolidar el sentido bilateral del texto. La poesía de Curiel, inspirada en la realidad, busca es transformarla y provocar al lector, en esa ruta dual de sentidos que debe hacer para que encuentre sus propias interpretaciones desde sus conjeturas, sus recuerdos y sus intenciones escriturales. La dualidad entendida como el anverso y el reverso, como la luz y la oscuridad, como la transgresión directa a la interpretación unilateral. La dualidad como un contraste progresivo entre lo escrito y lo leído.

Conversando un día en Bogotá con Eduardo Bechara Navratilova, en el Hemiciclo de la Universidad Tadeo Lozano, en el contexto de la presentación de esa hermosa Antología del Cine, le hice el comentario de la poesía como bitácora de escritura para el lector y de ahí surgió la posibilidad de publicar La otra balada del agua que canta que, en efecto tiene esa intención literaria, despertar el deseo por la escritura creativa desde las perspectivas intelectuales, cognitivas y emocionales de quien llega a los poemas. Como estos versos que les comparto del poeta Curiel, para quien el tiempo se transforma en un recuerdo acumulado.

HUESOS
El desierto crece… F. NIETZSCHE

Huesos en la arena
gastados al filo del calor
la mano de los soles apretó sus fisuras

¿De quién nació ese cuerpo que ahora retorna a la tierra?

¿A quién pertenece el hueco de su cráneo
los dientes que antes abarcaron su sonrisa?

Ropas perforadas por espinas calientes
sobre agitados arbustos y pencas de nopal
un pantalón desgarrado
una camiseta con sangre
botellas de agua vacías

Huellas que escarbo hasta encontrarles rostro
como quien busca no desesperar

Pero en los vacíos que van dejando las preguntas
voy sembrando mis dudas

¿Por qué tenemos que morir en desprecio?

¿Quién nos mata como si no tuviéramos rostro,
Nombre, corazón?

Los huesos se hacen polvo y desaparecen
en este desierto de lo humano
cada vez más brutal.

EL CUERPO ES LA FRONTERA
Todos los cuerpos son fronteras
traemos muros andantes
instalados a la mente
la raza
el sexo
el color

Abrimos las compuertas
para deportar lo que negamos
o para que entre lo dócil
lo conocido
lo que nos sirve

Pero como en todo límite
hay puentes
escaleras
y túneles
filtrando sensaciones
tejiendo inesperados afectos

Todos los cuerpos son fronteras
y como ellas
no importan barreras
ni muros
ni divisiones
cuando nos reflejamos
en el Otro que somos.

Centro de Investigacion Cultural del Estado Nueva Esparta CICUNE

Eladio Rodulfo González, quien  firma su producción periodística y de todo género con los dos apellidos, nació en el caserío Marabal, hoy en día parroquia homónima del Municipio Mariño del Estado Sucre, Venezuela, el 18 de febrero de 1935. Es licenciado en Periodismo, Poeta, Trabajador Social e Investigador Cultural. El 15 de abril de 1997 creó el Centro de Investigaciones Culturales Neoespartanas (CICUNE). Publica diariamente los Blogs: “Noticias de Nueva Esparta” y “Poemario de Eladio Rodulfo González”. Escribe en los portales poéticos Unión Hispanomundial de Escritores (UHE) Sociedad Venezolana de Arte Internacional (SVAI) y Poemas del Alma, de los cuales es miembro.