Encuentro latinoamericano con la obra de Raúl Gómez Jattin y la poesía de Claudia Patricia Arbeláez – El Diario de Otún

Encuentro latinoamericano con la obra de Raúl Gómez Jattin y la poesía de Claudia Patricia Arbeláez – El Diario de Otún

Leonardo Fabio Marín*

Una noche de junio del año 2020, y en medio del encierro al que nos acostumbró el miedo a lo desconocido, hubo una hermosa celebración en la literatura latinoamericana. Un grupo de escritores, poetas y artistas de varios países convocados por Elgar Utreras Solano y con la conducción de los poetas chilenos Hugo Quintana y Marcelo Velmar, se reunió para rendir homenaje al bardo de Cereté: Raúl Gómez Jattin, aguerrido poeta que se hiciera famoso con su canto a la burrita. El comienzo del evento, de excelente factura literaria, fue una profunda interpretación de la poesía, obra y locura del escritor costeño. La afamada escritora colombiana, de Copacabana (Antioquia), Patty David, nos condujo hacia las distintas posturas expresivas de la obra de Jattin, reconociendo e insinuando con conocimiento de causa, el mundo que subyace a esa cruda escritura poética. Nos recordó en medio de su lucidez expresiva y su sonrisa casual (nos prometió confesarnos la causa de su risa y no ocurrió), que Raúl se dejó golpear por los versos y los días, se dejó encerrar, por una locura literaria propia de los malditos, en el juego absurdo con las drogas, los abismos y la calle. Hecho ya un contexto del poeta, y luego de la lectura por parte de la escritora pereirana, Helena Restrepo (Silencio para una despedida), entra en escena una mujer de poema contundente y visión creativa universal: Claudia Patricia Arbeláez (Rionegro, Antioquia, 1972). Ella, con un plano detalle, aparentemente sencillo, pero con un claro ejercicio de focalización escritural, nos da cuenta de tres o cuatro aspectos sobresalientes en la poética de Raúl Gómez, y nos deleita el instante con algunos poemas hermosos del autor homenajeado, como: Memoria, El Leopardo, El Amor Brujo, y Casi Obsceno. Nos dijo que Raúl se hizo célebre por su poema a La burrita, su extrema carencia de todo lo material y su amistad sencilla y transparente con Joan Manuel Serrat, el poeta español, quien siempre lo buscaba ya fuese en Bogotá o en Cartagena.

Pero, Claudia Patricia Arbeláez quería, además, contarnos una historia de la poesía teniendo como disculpa al poeta aquel, y sin querer nos fuimos centrando en los detalles de su propia expresión literaria. Nos enteramos, en la misma noche, de que su mundo también transcurre en un verso que poco a poco se va volviendo poema y libro. Es así, entonces, como la obra de la escritora antioqueña, nacida en el verde Rionegro, conformada por textos como: Manual para ver llover, Exploración literaria, La Libélula azul, se vuelve esencia textual en un mundo donde ella también es protagonista y autora con un estilo propio y muy particular, sugestiva y muy acorde con el pensamiento de las nuevas generaciones por su desprendida disposición cultural con las actuales formas de expresión poética y como una manera de descubrir ese mundo que existe más allá de la diaria y dura realidad de nuestros días. Y su poema menciona de modo certero: “Me he hecho sangre en las historias de guerreros, me he precipitado en encantamientos, he escapado tantas veces…”

Lo fundamental, en su poesía, como ella misma lo ha sostenido, es la libertad con la que puede mirar el poema, desde los recuerdos, desde la perspectiva de sus emociones, de sus monólogos afectivos, de sus versos contundentes, de sus paneos metafóricos al laberíntico mundo externo e interno de los otros, de lo otro y de ella misma. Ese paneo escritural nos lleva también a un poema intenso e imponente, en cuyo comienzo, a olores, sabores, ambientes de tranquilidad y mucha, pero mucha emoción contenida en la tinta de la autora literaria. Poema en el cual afirma que: “Estuve cerca resolviendo enigmas, descifrando sueños mientras el hombre colgaba de la soga en el cementerio, después de asumir el reto de dar libertad a su corazón prisionero. Cada historia que contaba el espíritu me invitaba a soñar y fue así como descubrí la verdad acerca del amor y la pasión que desborda el juicio en los seres de pie”.

“Mis poemas son mis hijos, y como tal, los amo”, con ellos la escritora descubre que hay mucho por decir y mucho por hacerse imagen para el texto lírico. El ambiente de la su escritura metafórica está siempre ahí esperando por su escritura, por sus visiones y sus intensas imágenes lugareñas. Todo se resuelve con las palabras precisas en el poema. Esto hizo que recordara un verso muy bien ponderado de la escritora salvadoreña Susana reyes (de quien deseo hablar en uno de mis artículos de autores latinoamericanos) que si mal no recuerdo dice: “Yo te descubro/ –hombre-/ en cada verso/ y he aprendido/ a descifrar/ tus pasos”. La poesía de Claudia Patricia es, entonces, un pretexto para descubrir ese universo de lenguajes, sueños, metáforas y textos para compartir con sus lectores y cómplices de la palabra hecha verso amable.
Finalmente, tenemos en escena, algunos poemas de Claudia Patricia, que más que poemas, son una continua invitación a vivir el lenguaje, el poema, las emociones vitales de nuestros días de encierro.

RENACER
Entro al callejón con o sin salida.
Un arlequín de rostro demacrado,
coagula las risas y anuncia el final.
Velorio de mis fatigados días.
Sepulcro de la espera.
Cruzo jardineles en busca del tesoro
donde urdían los versos acompasados.
Tiempos de palabras con sabor a desparpajo
e incienso y con ellas recobrar el aliento.

Alojo mis nuevas horas bajo la mesa de cuentos
para que nadie las vea.
Las uno a mi testamento de flores,
poemas y plegarias al cielo.

Cuando todos se hayan ido,
podré redescubrirme a mi antojo
y renacer junto al vuelo de un violín, de una cítara
o de un tambor dispuesto al encuentro con las palabras
y su sabor a desparpajo
e incienso y con ellas recobrar el aliento.

ESPERANZA
Llevo entre mis dedos un manojo de pinceles
para dar color a la espera cuando deba detenerme.
Mientras tanto, lleno las alforjas con flores
al compás del galope insistente del corcel
que esparce aromas sobre estos campos.

Traigo damajuanas repletas de nostalgias
que instan al amor,
besos inéditos que arriban a plena luz del día
con su aroma y su color.

Cruzo los charcos que quedaron pendientes
después de la lluvia
cuando crecer no era una opción.
Me siguen caravanas de sinsontes en pleno,
haciendo compañía al instante de mi soledad.

Mientras tanto, lleno las alforjas con flores
versos inéditos que arriban a plena luz del día
con su aroma y su dolor.

MIS POEMAS
Tengo poemas ensortijados en filigrana,
los tengo con espinas, de muchos latidos y formas.
Poemas azules, primaverales,
dolorosos, de amor y de mudanzas.

Los tengo trepando muros y bajando escaleras;
unos crecen en campos de trigo
y se multiplican como al pan;
los abono con sonrisas, nuevos acentos
y líricas de diferentes aromas;
con ellos trenzo mis días y rehago mis caminos.

Vagan por mi cuerpo.
A veces son esponja, jaula, panal u océano.
Navegan entre mi centro como bóveda
y como baladas parpadean al compás de mis ausencias.

Tantos decires agazapados
en la espesura de mi bosque.
Poema que me sacude.
Grafías rebeldes que se mecen
entre los renglones discontinuos
y esos acentos que tiñen mis oídos
y no mitigan todas las penas.

Versos que me quebrantan y restauran.
Poesía mía, predestinada.
Grafías al compás de mis ausencias.
*Magíster en literatura, escritor e investigador literario

Centro de Investigacion Cultural del Estado Nueva Esparta CICUNE

Eladio Rodulfo González, quien  firma su producción periodística y de todo género con los dos apellidos, nació en el caserío Marabal, hoy en día parroquia homónima del Municipio Mariño del Estado Sucre, Venezuela, el 18 de febrero de 1935. Es licenciado en Periodismo, Poeta, Trabajador Social e Investigador Cultural. El 15 de abril de 1997 creó el Centro de Investigaciones Culturales Neoespartanas (CICUNE). Publica diariamente los Blogs: “Noticias de Nueva Esparta” y “Poemario de Eladio Rodulfo González”. Escribe en los portales poéticos Unión Hispanomundial de Escritores (UHE) Sociedad Venezolana de Arte Internacional (SVAI) y Poemas del Alma, de los cuales es miembro.