El silencio en poesía – Diario Pagina Siete

El silencio en poesía – Diario Pagina Siete

Juan Crist�bal Mac Lean E.
Escritor

�Qu�  �o cu�l� es el silencio en poes�a? �A qu� silencio se refieren las numerosas referencias al silencio, ya sea en poemas o en el pensamiento cr�tico sobre la poes�a? �Se trata de un silencio material, de un silencio de proveniencia oral, el existente antes o despu�s de las palabras, un silencio, en suma, �audible�?  Un silencio ret�rico, un silencio locuaz. 

�O tiene el silencio en poes�a, en poes�a escrita, un car�cter abstracto, desvinculado del o�do, situado en los l�mites de la propia poes�a, all� donde ella ya no puede llegar? Silencio de lo inefable, silencio de lo indecible.

Si admiti�ramos que hay un silencio material (el que sucede a una palabra, incluso  representable �n�tese� mediante  puntos suspensivos) y otro inmaterial (por ejemplo al final de ciertos poemas, le�dos  adem�s y como es costumbre general, en silencio), se despliega ante nosotros todo un abanico de silencios y modos del silencio: silencios a diferentes vol�menes.

Que el silencio de la boca y el silencio del alma son distintos se sab�a desde antiguo. En claustros y monasterios del mundo se dedicaron a cultivar ambos, como flores raras y aisladas en los �tiestos conventuales�, como los llamaba Unamuno. Aparte de ellos, es la poes�a la otra esencial encargada  del silencio, de su lustre y su cuidado. 

Para comprenderlo, hay que recordar que el silencio, si bien se opone o es lo contrario del ruido y el sonido, no por ello lo es del lenguaje o la palabra. Es su �complementario� incluso podr�amos decir facilonamente, aunque eso mismo se pronuncie dentro de una visi�n instrumental del  silencio: aquella que lo ignora m�s all� de su funci�n pr�ctica, como solamente el lugar o fondo en que se  da la sucesi�n de frases y palabras. Pero fuera de tal aspecto instrumental/ emp�rico, puede decirse que el silencio, m�s bien, llena hasta los bordes el vaso del lenguaje. Como a veces ocurre en el poema. Pero cual fuere la naturaleza del silencio en poes�a, �ste no puede sino estar entremezclado con los silencios del mundo y de la vida. Pluralidad de silencios.

Est�n aquellos en que no se escucha nada, no pasa nada, los silencios del no-acontecimiento,  del tedio y la melancol�a. Ba�an la permanencia de lo igual.  Silencios que nada rompe. Que simplemente parecen estar ah� en la vida, de hecho, como la planta en la maceta o la sombra bajo el �rbol.  Pues no hay vida sin silencios as� como no hay vida sin palabras. Quien m�s bellamente  retrata esos silencios, es Alejandra Pizarnik: 

�El silencio de la comprensi�n, el silencio del mero estar. En esto se van los a�os. En esto se fue la bella alegr�a animal�.

En realidad, cada cual puede hacer su lista de silencios.  Y entre ellos quiz� incluir, por ejemplo:

El silencio que sucede a un trueno.

El silencio de los muertos.

El silencio de la contemplaci�n.

El silencio entre  campanadas.

El silencio de las ruinas.

El silencio del gato.

El silencio del patio interior.

El silencio de la piedra al sol.

El silencio de la planta en el rinc�n.

Y entre semejante pluralidad de silencios, otra vez: �hay un silencio espec�fico de la poes�a? De entrada que s� y espec�ficamente respecto a la palabra y el lenguaje. Silencios inter y extra ling��sticos.  Pero en la misma medida en que la poes�a est� metida con la vida, tambi�n sus silencios pueden ser m�ltiples �por no hablar todav�a, adem�s,  del significado-del-silencio-en-poes�a�, o del silencio como fuera del lenguaje. A escuchar estos silencios poblados de palabras, o viceversa, de hecho nos invita Merleau-Ponty:  �En fin, tenemos que considerar la palabra antes de que se la pronuncie, el fondo de silencio que no deja de rodearla, sin el cual no dir�a nada, o lo que es m�s, poner al descubierto los hilos de silencio de que est� entremezclada�.

En el caso de la poes�a, por cierto, esos hilos suelen presentarse como espacios. Espacios entre versos, espacio alrededor. Blancura y silencio, incluso, fueron eventualmente equiparados.  Quien famosamente dio curso total a esta captura del silencio por los blancos de la p�gina, fue Mallarm�. Lo hizo en el gran cl�sico con que le dio un vuelco a la poes�a, el Un coup de d�s (Un golpe de dados) de 1897. En cada p�gina las palabras estaban presentadas en el orden libremente dispuesto por su autor, usando diferentes tipograf�as y tama�os. Cuando le mostr� el resultado a su amigo Paul Val�ry, �ste cuenta que ten�a ve�a ante s� a silencios que hab�an tomado cuerpo:  �Ma vue avait a affaire � des silences qui auraient pris corps�.

Si podr�a trazarse una historia del silencio, ese libro de Mallarm� ser�a uno de sus cap�tulos principales. (De hecho hay un libo de Alain Corbin: Historia del silencio. Del Renacimiento a nuestros d�as. (Sus dos primeros cap�tulos descargables en ingl�s). Es a partir de ese libro que la escritura misma del poema, en tanto que poema y al haber roto sus formas cl�sicas, se convirti� en un acto suplementario. La �composici�n� de la p�gina, de pronto pas� a ser otro campo abierto. No en vano se ha usado tanto la palabra partitura al comentar el libro de Mallarm�. Esta deriva, en uno de sus extremos, lleg� a la �poes�a visual�.

Asimilar el silencio al espacio en blanco permiti� un nuevo artesanado de la escritura,  nuevas formas de hacer, componer,  �administrar� espacios y silencios, jugar con la extensi�n de los versos, sus formas de escalonado. De tal manera, los poemas se hallaron en condiciones (visuales) de crear  una activa participaci�n del silencio en sus p�ginas. 

Puntos y comas, marcas de puntuaci�n, espacios. Pausas y extensi�n de las pausas. Hay que tener cuidado sin embargo, puesto que el silencio est� lejos de reducirse a eso: a pausas, esperas, m�s o menos largas, entre frases o palabras. Estas s�lo conciernen, otra vez, a la materialidad de silencios b�sicos y �audibles�, mientras que la hondura y naturaleza de los silencios confrontados a la poes�a, o los que ella suscita y crea, cita o escucha, excede con mucho a esos silencios materiales y distintos. Excede sus propios intra-silencios, podr�amos decir. Y sin hablar de que ellos mismos pueden ser muchos , la poes�a no deja de avisorar un silencio final y que, m�s que parte del lenguaje, env�s de su trama, est� retirado tanto del mismo lenguaje como del sentido.

El sentido nunca dej� de acechar  al silencio. Por eso se habla de silencios elocuentes, de silencios ensordecedores, de silencios comprensibles, de silencios que �valen por mil palabras…�.

Ante esa contaminaci�n de sentido que sufre el silencio, la poes�a tambi�n se quiere barrera. Limpiar el silencio: despojarlo de sentido(s). Trocar el silencio elocuente por un silencio callado. Llegar al silencio del propio sentido, al silencio in-significante. Pero esos silencios ya son, se dice, los de iluminaciones en que relampaguea el vac�o. �Puede pertenecer a�n a la poes�a, hecha de palabras, a semejantes reinos?  Mmm…

 

Centro de Investigacion Cultural del Estado Nueva Esparta CICUNE

Eladio Rodulfo González, quien  firma su producción periodística y de todo género con los dos apellidos, nació en el caserío Marabal, hoy en día parroquia homónima del Municipio Mariño del Estado Sucre, Venezuela, el 18 de febrero de 1935. Es licenciado en Periodismo, Poeta, Trabajador Social e Investigador Cultural. El 15 de abril de 1997 creó el Centro de Investigaciones Culturales Neoespartanas (CICUNE). Publica diariamente los Blogs: “Noticias de Nueva Esparta” y “Poemario de Eladio Rodulfo González”. Escribe en los portales poéticos Unión Hispanomundial de Escritores (UHE) Sociedad Venezolana de Arte Internacional (SVAI) y Poemas del Alma, de los cuales es miembro.