El pensamiento maquiavélico, al día….

Es conocida la tendencia crítica de señalar como “maquiavélica” a una manera característica de comportamiento político y social observable sistemáticamente en algunas personas, aunque no sean tantas esas personas, como podríamos haber pensado. En el diccionario se habla de un maquiavélico o una maquiavélica en referencia a personas con mucha astucia, sagacidad, habilidad e intensidad, para conseguir sus propósitos. Gente peligrosa, en otras palabras. “Un individuo maquiavélico se nos aparece como un ser frío, persistente, capaz de ejecutar turbulentas y eficaces venganzas”. Estos conceptos nos han llegado desde unos cuantos siglos atrás. Se desarrollaron, particularmente, a partir de la influyente presencia que sostuvo el filósofo italiano (florentino) Nicolás Maquiavelo en el pensamiento filosófico y sociológico del siglo XVI, y siguientes…
El libro ‘El Príncipe’, publicado por Nicolo Machiavelli en 1531, es un influyente tratado de política y sociología, presentado como un astuto manual al servicio de los ciudadanos de la -entonces- Republica de Florencia (Italia). Muchos analistas lo consideran un manual de formación y apoyo a los tiranos y las tiranías. Pero, hay desacuerdos ya que reconocidos filósofos, como Spinoza y Rousseau, de los primeros en leerlo, lo concibieron como una hábil denuncia de los métodos tiránicos que usan los dirigentes de cualquier sociedad, o sistema político, en sus recursos y triquiñuelas usadas para ascender y permanecer en el poder; para enseñar a los ciudadanos a evadir trampas y engaños, y para protegerlos de cualquier forma de tiranía. Dicho en otros términos, una idea bastante alejada de lo que hasta ahora hemos entendido y hemos divulgado…
En este sentido, cabe el ejemplo de algunas palabras pronunciadas por el autor en ocasiones: “Me gustaría enseñarles el camino al infierno, para que se mantengan apartados de él”, escribió Maquiavelo a un amigo en 1526, antes de morir. Por “infierno” se refería al sistema surgido de las malas decisiones políticas, de las torturas y el miedo, del deterioro ciudadano, y de las instituciones corruptas. Hablaba así Maquiavelo de sus compatriotas, los ciudadanos de Florencia, de toda la Italia a punto de perder sus restos de soberanía y sus preciadas libertades civiles. En el libro ‘El Príncipe’, con abiertas ironías, y altibajos del mas puro cinismo, Maquiavelo elogia a los gobernantes (príncipes, reyes y Papas) llegados al poder mediante la mentira, el soborno, la corrupción y los asesinatos; hablaba del mal ejemplo de una dinastía familiar gobernante cuyo jefe, Juan de Médicis, llegó a ser nada menos que líder espiritual de la cristiandad del momento, bajo el nombre de Papa León X.
Hoy día, sin embargo, pocos ven a Maquiavelo como el gestor -aparente- de sociedades democráticas… Aunque, con sus críticas quería enseñar cómo enfermaban las democracias y cómo podrían curarse. Su influencia sobre la política de todos los tiempos y escenarios, y sobre los más diversos procesos sociales, ha trascendido los momentos históricos en que se desarrolló y vivió. El sustantivo maquiavelismo, y el adjetivo maquiavélico, se han manejado con mucha frecuencia en niveles intelectuales de las clases media, y siguen vigentes en la época actual. Maquiavelo advertía sobre los peligros que amenazaban las libertades ciudadanas y políticas. Muchos “aspirantes” al liderazgo político, social, ciudadano, empresarial y aun educacional, leyeron a Maquiavelo y probaron la efectividad de algunos de sus celebrados postulados. ¿Qué propuestas haría este pragmático pensador sobre las dificultades, tan diversas y extremas, que atraviesan hoy nuestras asechadas democracias?
Sus reflexiones sobre la desigualdad y el abuso de poder tienen plena vigencia, con mandatos directos, aplicables a todo el espectro social, desde la extrema izquierda saturada de oportunistas y vividores al acecho, hasta la más asfixiante extrema derecha, hoy embarcados en populismos y cinismos. Pero, también son extremas las observaciones y métodos sugeridos para mantener el control del Estado sumiso. Por esto, pensando con el más duro y frontal pragmatismo, Maquiavelo señaló que para conservar el Estado, cuando fuese necesario, tendríamos que obrar «contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión», cuando fuese necesario.
¿Vemos, acaso, algunos parecidos con repetitivas realidades actuales? ¿Quizás sean puras coincidencias, o tal vez hayamos sobrepasado al maquiavelismo de otros tiempos?

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