Bolívar, la ciudad que no fue POR Jesús Piñero

POR Jesús Piñero
PRODAVINCI, 06/11/2019
El 16 de diciembre de 1819, al cumplirse diez meses y un día de haberse instalado el Congreso de Angostura, los diputados, electos en 1818, procedieron a discutir el proyecto de ley para la unión de los estados de Venezuela y Nueva Granada. La solicitud fue hecha por el Libertador Simón Bolívar dos días antes: “La reunión de la Nueva Granada y Venezuela es el objeto único que me he propuesto desde mis primeras armas; es el voto de los ciudadanos de ambos países, y es la garantía de la libertad de la América del Sur”. Bolívar hacía referencia a su primer exilio en 1812, a la Carta de Jamaica de 1815 y, sobre todo, a la liberación de doce provincias neogranadinas ese año, una hazaña realizada en Boyacá.
La solicitud fue aprobada de la noche a la mañana. El 17 de diciembre se promulgó la Ley Fundamental de la República de Colombia, que echaba por tierra el tercer esfuerzo de constituir la República de Venezuela. El asunto no exigió tantas deliberaciones. Las ideas del Libertador parecían ser suficientes. Su figura le hacía sombra, no solo a los demás hacedores de la república, también al mismo experimento político. Tal vez uno de los indicios que auguraba esa situación se encontraba en el artículo séptimo de la Ley Fundamental: una ciudad que llevaría por nombre Bolívar sería construida para ser la capital, acto que, visto desde el presente, advertía los acontecimientos por venir, aquellos que marcaron su funesto final.
Una capital para Colombia
La idea de una capital para el proyecto colombiano nació en el mismo seno de su idea original; cosa que, además, nos hace ver la solidez del propósito. Los indicios de este plan se encuentran en los papeles que Miranda le presentó al ministro británico Nicholas Vansittart en 1801, donde le habló acerca de una posible ciudad capital para Colombia. Bolívar, ejecutor de la empresa desde diciembre de 1819, también hizo alusión a esta noción en la conocida Carta de Jamaica de 1815. Propuso posibles sitios para la sede de la administración central, que empezó a tener forma legal desde Angostura, donde se dispuso que la nueva ciudad se construiría bajo la los designios del Congreso de Cúcuta a reunirse en 1821. 
Aparte de las actas de 1819 y 1821, no existe ni siquiera un debate sobre el proyecto de capital para la unión colombiana. Sin embargo, la idea de construir una capital que llevara su nombre tampoco fue tomada al azar. En 1790, James Madison, Thomas Jefferson y Alexander Hamilton fundaron Washington Distrito del Columbia –honrando la memoria de Cristóbal Colón, pero, sobre todo, homenajeando al padre fundador de aquella república, George Washington– para que fuera la capital de los nacientes Estados Unidos de América. Por lo que la decisión que se tomó en Angostura, y con la que ningún diputado pareció tener problema, podría tener un antecedente en América del Norte, la república modelo.
La convocatoria para el Congreso General de Colombia inició formalmente en 1820. El proceso electoral también transcurrió mientras se liberaban los territorios en manos del rey. Una situación ocurrida otra vez en la península vino a salvarle el día a los patriotas republicanos: su majestad Fernando VII era presionado a jurar lealtad a la Constitución de Cádiz y el obsoleto absolutismo perdía terreno frente al liberalismo. Aprovechando las circunstancias, el Libertador se dispuso a liquidar los últimos vestigios del Imperio español con las Campañas del Sur, no sin antes establecer un armisticio y regulación de la guerra con Pablo Morillo. La balanza se inclinaba a favor de Colombia, la grande.
El año 1821 llegó con la instalación del Congreso el 6 de mayo, tras una convocatoria y una elección en la que, en principio, no participaron los territorios todavía dominados por la monarquía, sino que se fueron incorporando en la medida en que salían del control hispano. Caracas fue la única de las provincias de Venezuela que no tuvo representación, pues su liberación ocurrió en junio de 1821, y ya el congreso tenía dos meses sesionando. Entre las primeras discusiones del organismo estuvo la ratificación de la Ley Fundamental de 1819. Artículo por artículo, los diputados colombianos fueron revisando cada uno de los apartados. El proyecto de una capital fue discutido, pero sin urgencia, sólo se trataba de un punto más.
Debates y discusiones en 1821
La primera referencia hecha en el Congreso sobre la ciudad Bolívar sucedió en la sesión del 28 de mayo, cuando se discutió el sitio donde se erigiría la capital, y el territorio del Istmo fue considerado por su importante ubicación. El 6 de julio también se habló de la capital, pero con menor fuerza. Uno de los secretarios leyó la Ley Fundamental e hizo dos proposiciones: “primera, ¿una nueva ciudad con el nombre del Libertador Bolívar será la capital de la República de Colombia? Segunda, ¿su plan y situación se determinarán por el congreso general en mejores circunstancias?”. Ambas fueron aprobadas y se pasó al siguiente punto. 
Una semana después, el 12 de julio, se aprobó la ratificación de la Ley Fundamental de 1819 con los cambios discutidos en las sesiones anteriores. La idea de una capital llamada Bolívar continuaba en el texto fundacional, pero, a diferencia de 1819, esta vez terminó incorporada en el artículo décimo y no en el séptimo: “Artículo 10. En mejores circunstancias se levantará una nueva ciudad con el nombre de Libertador Bolívar, que será la capital de la República de Colombia”.  No había tiempo para invertir dinero y tiempo en una capital. El plan era importante, pero se discutiría en el futuro, en mejores circunstancias económicas y, especialmente, al no haber guerra; entonces, allí sí pasaría del papel al hecho.
La cuestión volvió a ser protagonista en la sesión del 8 de septiembre, cuando hubo un debate más largo y caluroso sobre el asunto, al menos así lo registran las actas del Congreso instalado en Villa del Rosario. Caracas, Cúcuta, Tunja, Mérida, Pamplona y Bogotá fueron candidatas para ser la capital, pero no hubo acuerdo alguno. Los diputados debatieron por largas horas la posible ubicación y la discusión fue cerrada por el presidente José Manuel Restrepo con un largo discurso, en el que matizaba las rivalidades que existían entre las ciudades involucradas. Una votación que resultó 27 a 17 decidió suspender la designación de la capital hasta la llegada del Presidente de la República. La sesión se levantó, todo dependía de Bolívar.

División política de la Gran Colombia en 1824. Atlas geográfico e histórico de la República de Colombia, 1890.
Bogotá, la capital provisional
Cuando El Libertador regresó a Cúcuta asumió la presidencia en el Congreso, que entonces se había dedicado a la discusión de otros asuntos, entre ellos la designación de las capitales de cada uno de los departamentos que la conformaban. El 4 de octubre llegó la comunicación del ministro de interior, Pedro Briceño Méndez, con la respuesta a la solicitud hecha el 8 de septiembre acerca de cuál debería ser la capital de la República, pero se decidió reservar hasta que se tratara ese tema. El debate ahora era sobre la ley de aguardientes, también polémica porque involucraba los impuestos, la producción y la distribución del mismo. Bolívar marchaba hacia las Campañas del Sur. Quito, Guayaquil y Perú eran su obsesión.
El 5 de octubre se leyó la comunicación del Libertador, junto a una exposición del cabildo de Bogotá. Ambos documentos pedían que esa ciudad fuese elegida como capital provisional, mientras se designaba la capital perpetua que debería llevar el nombre Bolívar. José Félix Blanco, reconociendo las diferencias entre venezolanos y neogranadinos que muchos se negaban a percibir, también solicitó que se nombrara para Venezuela un jefe que respondiera por su seguridad y defensa, acto que recibió la protesta de Domingo Briceño y Briceño. Las pugnas regionalistas comenzaban a hacer estragos. La noche del 9 de octubre la discusión fue resuelta y se designó a Bogotá como capital provisional de Colombia.
El proyecto incumplido
Hasta 1825, no se habló más del asunto que concernía a la capital. El Congreso de Cúcuta dejó de sesionar a mediados de octubre de 1821 y todas las fuerzas se cohesionaron en un solo propósito: darle la libertad a Colombia por las armas, pues ya la tenía por las leyes. Así, el éxito de las Campañas del Sur se sintió en Pichincha, Junín y Ayacucho, donde finalmente quedó liberada de la monarquía española. Ante el surgimiento de las nuevas repúblicas, el Libertador propuso hacer el Congreso Anfictiónico de Panamá, tal como lo refirió diez años antes en la Carta de Jamaica. Y esta vez, el Istmo volvía a ser propuesta de capital, pero no había señales de la construcción de la prometida ciudad Bolívar.
No era para menos. Las diferencias entre los territorios que conformaban la República de Colombia, y que se expresaron en los debates del Congreso General, fueron tomando más fuerza mientras su principal artífice se ausentaba para liberar el sur. Las largas distancias entre una región y otra, aunado a la poca presencia del Presidente, jugaron en contra del proyecto que ya estaba fracturado desde su origen, pues no todas las provincias fueron consultadas para su unión; y Caracas, la principal de la otrora Capitanía General de Venezuela, ni siquiera fue tomada en cuenta, a pesar de haber iniciado la revolución de todo un continente. Ahora se encontraba a más de 1.400 kilómetros de donde residía el poder.
Una distancia incomparable a la de Madrid, pero que, dada la situación en las circunstancias de la posguerra, sumía a los caraqueños en posibles interrogantes: ¿Acaso entre las causas de la independencia estaba la lejanía y falta de contacto con la autoridad política? ¿No volvían a una situación similar a la que imperaba antes del 19 de abril de 1810, cuando decidieron hacer valer una autonomía basada en la ausencia del rey? Cuestionamientos impertinentes, pero que no sobran en la historiografía patria, pues dejan entrever que Colombia nació y murió luchando para vivir; a la sombra de un hombre que propuso sus leyes, la forjó con las armas en los campos de batallas y la disolvió con su muerte.
Dieciséis años después, el 30 de mayo de 1846, antes de dejar la presidencia y valiéndose del bolivarianismo que empezaba a reivindicarse desde la repatriación de los restos a la Catedral de Caracas, Carlos Soublette decidió decretar que la ciudad de Angostura fuese llamada Ciudad Bolívar, tal vez para enmendar el deseo incumplido del Libertador.
Fuentes consultadas
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